Hay una actividad que Wind Cat lleva haciendo desde sus inicios y que nunca falla: la calçotada corporativa. Es quizás la actividad más catalana que tenemos en el catálogo, y una de las que más conexión genera entre los equipos.
El protocolo del calçot — el babero, la salsa romesco hasta los codos, el ritual de pelar y mojar — tiene algo que rompe jerarquías y crea complicidad instantánea. No hemos visto todavía a ningún CEO que mantenga la compostura con un calçot en la mano.
Este año llevamos a un equipo de una empresa farmacéutica internacional a una masía en el Alt Camp. Muchos de ellos eran de fuera de Cataluña y era su primera calçotada. La reacción fue unánime: ¿por qué no habían hecho esto antes?
¿Quieres organizar algo parecido?
Hablemos de tu equipo →
