El Topo: una dinámica de team building para romper el hielo… y sembrar la duda
Hay clientes que te piden una actividad, y hay clientes con los que acabas diseñándola.
Personalmente, nos gusta mucho lo segundo.
La petición en este caso parecía bastante sencilla: necesitábamos crear una dinámica de team building de una hora para romper el hielo antes de comenzar una formación.
Queríamos algo breve, muy participativo y que pusiera rápidamente al grupo a hacer cosas juntos.
Así nació El Topo.
Aunque, para ser exactos, una de las mejores ideas apareció mientras la diseñábamos con el propio cliente.
Quince piezas y una estructura que hay que recordar
El reto empieza con una construcción realizada con 15 elementos de madera de diferentes cortes.
Tres subgrupos de tres personas tienen que conseguir después reproducir exactamente el modelo.
Pero no se lo ponemos demasiado fácil. La estructura aparece inicialmente montada y cada subgrupo dispone, por turnos, de un tiempo limitado para observarla y analizarla.
En esta primera fase hay una condición importante: los tres grupos todavía no pueden comunicarse entre ellos.
Cada uno observa.
Cada uno intenta entender cómo está construida.
Cada uno decide qué información merece la pena recordar.
Después desmontamos completamente la estructura.
Y entonces sí, los nueve participantes se reúnen y tienen que conseguir reconstruirla entre todos.
Hasta aquí ya tenemos un reto interesante de observación, comunicación, coordinación y estrategia.
Pero decidimos complicarlo un poco más.
¿Y si dentro del equipo hay alguien intentando que fracases?
Durante el diseño de la actividad, el cliente propuso introducir un elemento que cambió completamente el juego: un saboteador.
Una persona recibió previamente un rol oculto.
Su misión era dificultar el trabajo del grupo mediante una serie de acciones preparadas de antemano.
Y aquí aparece la parte que hace especialmente interesante a El Topo.
Porque el problema deja de ser únicamente: “¿Cómo reconstruimos esta estructura?”
Ahora también aparece otra pregunta: “¿Podemos confiar en todo el mundo?”
Cuando aparece la sospecha, cambia el juego
A partir de ese momento, el equipo no solo tiene que concentrarse en las piezas.
También empieza a observar comportamientos.
Quién propone una cosa.
Quién insiste en otra.
Quién parece estar ayudando.
Y quién quizá no tanto.
Cuando empezaban a desconfiar de alguien, podían identificar a los sospechosos y decidir mediante votación si los expulsaban del reto.
Eso añade una capa completamente distinta a la actividad.
Ya no estamos trabajando solamente memoria, creatividad o capacidad para resolver un problema.
También aparecen la interpretación de las conductas, la confianza, la toma de decisiones y la facilidad con la que podemos empezar a buscar culpables cuando algo no funciona.
Lo interesante no era solamente construirla
El resultado fue una sesión divertida y muy participativa.
Pero lo que más nos interesaba venía después.
Porque una actividad de este tipo da pie a observar y conversar sobre cuestiones muy reconocibles dentro de cualquier equipo:
¿Cómo decidimos una estrategia?
¿Qué hacemos cuando disponemos de información parcial?
¿Cómo interpretamos el comportamiento de los demás?
¿Qué ocurre cuando aparece la desconfianza?
¿Buscamos soluciones o empezamos a buscar culpables?
Y algo especialmente interesante:
¿qué pasa con nuestra manera de colaborar cuando creemos que alguien puede estar jugando en nuestra contra?
Todo eso en una hora y alrededor de quince piezas de madera.
Diseñar con el cliente también forma parte del trabajo
Hay otra parte de esta experiencia que merece la pena contar.
El Topo no salió únicamente de nosotros.
La introducción del boicoteador surgió trabajando la propuesta con el cliente.
Y esa idea terminó convirtiéndose en uno de los elementos más interesantes de la dinámica.
Después de más de 25 años diseñando actividades seguimos pensando que algunas de las mejores propuestas aparecen así.
El cliente conoce su realidad, su grupo y lo que quiere trabajar.
Nosotros conocemos las dinámicas y sabemos cómo convertir una intención en algo que las personas puedan experimentar.
Cuando ambas partes aportan, normalmente el resultado mejora. Y en este caso bastó con quince piezas de madera, nueve participantes y dos topos dispuestos a complicarlo todo.
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