Team building en la playa: olimpiadas, balsas y algún submarino exprés

El pasado martes apuramos prácticamente hasta el último minuto del verano. Playa, calorcito del bueno y una temperatura del agua que invitaba bastante más a meterse que a quedarse mirando desde la arena.

Rozando el larguero, no descarto que todavía volvamos a la playa, pero todo apunta a que las actividades en el mar tendrán que esperar ya hasta la próxima temporada.

Y la despedida no estuvo nada mal.

Cuando los equipos llegan preparados para la guerra

Teníamos por delante unas olimpiadas en la playa con diferentes pruebas. Pero nada más llegaron me di cuenta de que aquí había un nivel de competición que yo no tenía controlado. Los equipos venían con nombres guerreros, logotipos e incluso talismanes de la suerte.

Juro que yo no sabía nada de aquello.

Nadie de la empresa me había avisado.

Y estoy bastante seguro de que en algún momento vi a un participante ajustarse una cinta en la frente como si fuera Rocky Balboa antes del combate.

Así que no hizo falta explicarles demasiado que aquello iba de competir. Ya venían de casa preparados.

Primero las olimpiadas. Después, el reto de verdad

Durante la jornada fuimos pasando por distintas pruebas hasta llegar al gran reto final: construir una balsa y ganar una carrera llevando encima, como mínimo, a la mitad del equipo.

Sobre el papel parece sencillo.

Tienes materiales, un equipo y un objetivo.

Solo hay que diseñar algo que flote.

Aquí es cuando empiezas a distinguir perfectamente a quienes ven Discovery Channel de quienes lo ponen de fondo mientras se quedan dormidos.

Había equipos que estudiaban los materiales, pensaban cómo repartir el peso y construían diseños bastante dignos de una regata.

Otros parecían haber decidido que lo importante era juntar palos y cuerdas y confiar en que la física tuviera un buen día.

Pero el mar siempre acaba dando su veredicto.

Llega mi momento favorito, meter las balsas en el agua.

Porque puedes haber discutido mucho sobre si tu diseño es fantástico, pero cuando una balsa entra en el mar ya no hay PowerPoint que valga.

O flota.

O no.

Algunas salieron navegando con bastante dignidad.

Otras… bueno… digamos que en lugar de balsas conseguimos submarinos exprés.

Y precisamente ahí está parte de la gracia.

Hay que construir, ponerse de acuerdo, tomar decisiones, repartir tareas y después comprobar, delante de todo el mundo, si aquello que parecía tan buena idea en la arena funciona realmente cuando toca llevarlo al agua.

Competir, reírse y olvidarse un rato del trabajo

Al terminar la jornada, una de las responsables del grupo se despidió diciéndome: “Siempre consigues que la gente se olvide del trabajo y se lo pase en grande.”

Y reconozco que esas palabras me llegaron.

Porque podemos hablar de comunicación, colaboración, estrategia, creatividad o trabajo en equipo.

Todo eso ocurre.

Pero a veces el objetivo también puede ser mucho más sencillo.

Que durante unas horas la gente deje de pensar en correos, reuniones, objetivos y problemas.

Que compita.

Que se moje.

Que se ría de la balsa del equipo de al lado.

O de la suya, que todavía es mejor.

Después de más de 25 años organizando actividades, mensajes así siguen valiendo más que cualquier contrato. Y si además terminamos el verano con calor, playa y algún submarino inesperado, poco más se puede pedir.

Voulez-vous organiser quelque chose de similaire ?

Parlons de ton équipe
fr_FRFrançais
Défiler vers le haut