Durante siglos las catapultas sirvieron para asediar murallas, lanzar proyectiles y complicarle bastante la vida al enemigo.
Nosotros les damos un uso algo menos destructivo.
Las utilizamos para hacer equipo.
Hace apenas dos semanas estuvimos con el primer grupo de alumnos de diferentes másteres de IQS, los que estudian por la mañana.
Aquel día, por una cuestión de timing, las catapultas se nos quedaron fuera del programa.
Así que el pasado jueves, con el segundo grupo —los alumnos de tarde—, decidimos resarcirnos.
Esta vez sí.
Y dejamos las catapultas para el final.
Primero competir. Después, construir
La jornada comenzó con una rotación de pequeños retos en los que los diferentes grupos iban compitiendo mientras trabajaban juntos.
Y después llegó el reto final:
construir una catapulta capaz de lanzar un huevo lo más lejos posible.
No estaba mal para un grupo de alumnos que prácticamente acaba de empezar el máster.
Porque aquí ya no basta con ser rápido en una prueba.
Hay que construir algo juntos y conseguir que funcione.
Y, cuando todas las catapultas estuvieron preparadas, llegó el torneo.
Tres lanzamientos y una pequeña sorpresa
Todos los equipos se reunieron para la competición final.
Cada uno tenía tres lanzamientos para intentar conseguir la máxima distancia.
Pero había una sorpresa.
Si conseguían recoger el huevo lanzado sin que se rompiera, la distancia obtenida se multiplicaba por dos.
Y ahí el reto dejaba de consistir únicamente en lanzar lo más lejos posible.
También había que pensar qué convenía hacer.
Porque a veces el lanzamiento más espectacular no es necesariamente el que te hace ganar.
Una actividad sencilla que obliga a hacer cosas juntos
Este tipo de reto nos gusta especialmente para grupos que están empezando a conocerse.
No hace falta explicar mucho qué significa colaborar.
Les das materiales.
Les das un objetivo.
Les das un tiempo.
Y les dices:
construid algo que funcione.
A partir de ahí tienen que ponerse de acuerdo, organizarse y llegar a una solución común.
Después llega la competición, claro.
Porque si además podemos lanzar huevos por los aires y ver cuál llega más lejos, tampoco vamos a desaprovechar la oportunidad.
Empezar un máster haciendo algo juntos
Nuestra colaboración con IQS viene de hace muchos años y hay algo especialmente interesante en estas jornadas de inicio.
Los alumnos están empezando una etapa nueva.
La mayoría apenas se conocen.
Y antes de compartir clases, trabajos, proyectos y muchas horas juntos durante los próximos meses, pasan una jornada haciendo algo bastante diferente a sentarse en un aula.
Compiten.
Construyen.
Se organizan.
Y empiezan a relacionarse.
El pasado jueves terminamos con catapultas.
En otras ocasiones serán otras dinámicas.
Pero la idea sigue siendo la misma:
cuando un grupo empieza de cero, una buena manera de empezar a conocerse es tener algo que hacer juntos.
Vols organitzar alguna cosa semblant?
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